El Racismo en Latinoamerica

Los inmigrantes latinoamericanos nos quejamos, y no sin razón, de la discriminación racial que sufrimos en España como inmigrantes extranjeros, pero con frecuencia no tenemos conciencia del racismo que existe en nuestros propios países y que contribuimos a reproducir en España. No es raro que unos inmigrantes se refieran a otros de su mismo país con términos despectivos relativos a su origen étnico o racial, sin tomar en cuenta que aquí todos estamos en las mismas condiciones y que estas actitudes contribuyen a dividirnos y a debilitarnos como colectivo.

¿Cómo ha ocurrido este proceso de creación de jerarquías raciales en nuestras sociedades de origen para que esté tan introyectado en nuestra mentalidad, que no nos demos cuenta y lo veamos como algo normal o natural? Al igual que otros fenómenos discriminatorios como es el que sufrimos las mujeres, o las personas de menores ingresos, etc. La discriminación racial se apoya precisamente en que se trata de prácticas tan rutinarias y enraizadas en las costumbres que parecen algo natural y sobre lo que no reflexionamos. Veamos como ha sido este proceso en América Latina.

Los países latinoamericanos en su constitución heredaron la clasificación racial impuesta por España y Portugal, en la que se entronizaba el color blanco de la piel y los rasgos fenotípicos europeos. En la historia de creación de nuestras repúblicas el progreso se asoció con la existencia de una población blanca de origen Europeo que liderara el avance hacia metas “civilizatorias”. Pero la realidad de de países como Perú, Colombia, Ecuador, Chile, Mexico, etc. Era la de una población compuesta en su mayoría por mestizos, mulatos, indígenas y negros, y una pequeña minoría blanca. Fue por ello que en el siguo XIX y principios del XX se promovieron políticas de inmigración Europea por parte de las élites a muchos países de Suramerica, algo que solo tuvo un efecto significativo en los países del Cono Sur.

Sin embargo, la realidad de los países latinoamericanos siguió siendo la de una población mestiza, indígena y negra mayoritaria, con lo cual la identidad nacional no podía fundamentarse en el ideal de una población blanca. Es en este contexto en el que surge la ideología del mestizaje como identidad nacional en muchos países, como ha sido el caso de Colombia, ecuador, México, etc., pero desde la base de una jerarquía racial en la que el ideal, inalcanzable para la mayoría, es ser blanco y de rasgos fenotípicos europeos, aunque se acepte socialmente el ser mestizo.

En este modelo de identidad nacional las raíces indígenas pasaron a formar parte de un pasado glorioso, pero al fin pasado, y de los descendientes de los esclavos africanos mejor no hablar, los negros simplemente quedaron invisibilizados y negados. De esta manera la jerarquía asignó el mayor valor social a los blancos europeos, luego mestizos, zambos, mulatos y diversas mezclas, y por último indígenas y negros.

En el ideal del mestizaje, cuando no eres blanco o mestizo eres aceptado pero de manera condicional, sólo si adoptas los valores de la sociedad mayoritaria banca mestiza, que tiene como referentes la cultura europea y más recientemente la de la sociedad norteamericana. No se aceptan otras costumbres y valores culturales, así si eres indígena o negro, para ser aceptado en la sociedad mestiza latinoamericana tienes que olvidar tu identidad étnica. Esto es lo que se conoce como proceso de blanqueamiento. Está mal visto, por ejemplo, hablar quechua en Bolivia o Perú, el gusto por los ritmos tradicionales africanos de las poblaciones negras de Colombia, Venezuela, Brasil, llevar los atuendos indígenas tradicionales, etc. Y siempre habrá la posibilidad que alguien mestizo, mulato, etc. Te recuerde que es un poquito más blanco que tú. Apenas recientemente los movimientos indígenas y negros han logrado reivindicar su identidad y su presencia en las sociedades latinoamericanas y lograr el reconocimiento en la legislación de los derechos de las minorías étnicas.

En síntesis, el discurso de la identidad latinoamericana está basado en la complementariedad de tres ideas: el mestizaje, la discriminación y el blanqueamiento. El mestizaje como única salida ante el ideal inalcanzable de ser blanco, la discriminación siempre latente y negada, y el blanqueamiento como ratificación del valor supremo de ser blanco.

Por lo tanto, el racismo latinoamericano está asociado al aspecto físico, se tiene en cuenta el color de la piel y el aspecto físico. Pero, no es un racismo que se expresa por parte de un grupo claramente diferenciado como blanco hacia otro no blanco. Es un sistema de discriminación basado en la diferencia relativa del color de la piel y el aspecto físico, en el que además cuenta el nivel de ingreso y si eres hombre o mujer. En unos contextos una persona se puede convertir en agente promotor del racismo y en otros puede ser la víctima, por ello es tan difícil de identificar y de reconocer.

 

Vía: iniciativacomunista.org

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