Historias de la Madre Patria

Inauguramos con esta entrada el rescate de la cosmovisión africana en nuestra composición como parte integrante, fundante y desarrolladora de la cultura uruguaya. La mirada del Africa, de su espiritualidad, su historia , su composición política-cultural, la epistemología de sus conocimientos, la ontología de su lenguaje como una forma de acercarse a otra madre patria; la invisble, la silenciosa madre de buena parte de nuestras américas y del mundo.

Transcribimos aquí integramente un artículo escrito en http://www.antiguosastronautas.com , a quien agradecemos desde ya el aporte.

Mitología Dogon…(y ciencia moderna)

Año 1834.

El astrónomo Friedrich W. Bessel, de Konigsberg, había retirado la vista del telescopio meneando la cabeza con el entrecejo fruncido. Se hallaba intrigado y casi molesto. Sirio, la estrella a la que le había dedicado ya largo tiempo de observación, se tambaleabainexplicablemente.

Bessel sospechaba, por supuesto, que algo debía de estar alterando la trayectoria del astro. Y, sin embargo, nada se veía allí… De modo que durante los siguientes diez años su asistente se concentró en calcular, a intervalos regulares, las posiciones de Sirio. Hasta que por fin, en 1844, poco antes de morir, Bessel estuvo en condiciones de afirmar que, en efecto, ese algoexistía y que era a la vez lo suficientemente masivo como para ocasionar tal ondulación en la trayectoria de la más importante estrella de la Constelación del Can Mayor…

Año 1853.

Al ritmo de un tam-tam, los mejores jóvenes de la tribu, aquellos que habían superado las secretas ceremonias de iniciación y por ello pertenecían ahora a la “Sociedad de las Máscaras”, comenzaron a danzar con movimientos lentos que simbolizaban un universo ordenado. Luego, el ritmo de los tambores se aceleró y todo adquirió un sobrecogedor frenesí. Era la “Danza de la Vida”, importante ritual de la “Ceremonia Sigui”, cuyo propósito es la renovación del mundo; la cual es celebrada por los Dogon cada cincuenta años en cumplimiento de su milenaria tradición. En rigor, la fecha de la celebración ya había sido anunciada varios años antes por los más altos dignatarios de esta singular tribu, que en un número aproximado a los doscientos cincuenta mil individuos habita aún hoy la meseta de Bandiagara, en Malí (Africa occidental), cuando el venerable Consejo de Ancianos, en rituales sesiones de borrachera con cerveza de mijo, hubo calculado el momento determinado con ajuste a la trayectoria de una estrella que ellos conocen como “Po -Tolo”, la cual tiene un tamaño diminuto y no obstante ¡marca la órbita de la brillante Sirio!…


Año 1862.

Dieciocho años después de la muerte de Friedrich Bessel, ese “algo” pesado que modificaba la trayectoria de Sirio era ya conocido como Sirio B.

Por aquel entonces, en 1862, el americano Alvan Clarke tenía ya ganada una sólida reputación como constructor de grandes telescopios y, no ajeno al interés que despertaba tan singular y enigmático cuerpo celeste, decidió tratar de visualizarlo enfocando hacia él toda la potencia de un refractor con objetivo de 47 cm. de diámetro.

¡Y lo consiguió! Sirio B, hasta ese momento invisible, había dejado de pertenecer al mundo de las hipótesis. Se trataba en realidad de una estrella muy pequeña, cuyo poco brillo se eclipsaba ante el imponente resplandor de su “hermana mayor”.

A partir de este importante descubrimiento derivaron luego, en 1915, las investigaciones del doctor W.S. Adams, del Mt. Wilton Observatory, quien tras las observaciones necesarias logró averiguar la temperatura de Sirio B, que es de 8.000 grados (la mitad de la de nuestro sol), pudiendo, de resultas, comprender que ésta era una estrella que irradiaba intenso calor: unas tres o cuatro veces más por metro cuadrado que nuestro astro, y, por último, al surgir la posibilidad de calcular su tamaño (sólo tres veces el radio de la Tierra) y su masa (poco inferior a la del Sol) se desarrolló la teoría de las “enanas blancas”, que fue aplicada a posteriores descubrimientos similares.


Una incógnita difícil de resolver

El ejemplo clásico del detective astuto; aquel para el que el misterio más desconcertante y desalentador tiene siempre una explicación, es, sin duda, la inmortal creación de A. Conan Doyle: Sherlock Holmes. Pero, seguramente no serán necesarios sus servicios para adivinar que “Po-Tolo”, la estrella que marca la ceremonia “Sigui” de los milenarios Dogon de Malí, y Sirio B, la “enana blanca” visualizada hace poco más de 140 años, son la misma cosa.

No obstante, si el simple conocimiento de la existencia de una estrella invisible al ojo humano desnudo por parte de una primitiva tribu perdida en los confines del mundo es un hecho ya de por sí sorprendente, el saber adicional sobre el sistema de Sirio que atesoran los iniciados dogon haría que el mismísimo Holmes dejara caer su pipa boquiabierto…

Veamos lo hechos:

En 1931, el antropólogo francés Dr. Marcel Griaule visitó por vez primera la tribu Dogon en la meseta de Bandiagara, Malí, en lo que fue al antiguo Sudán francés. Impresionado por su riqueza mitológica, Griaule se prometió a sí mismo un seguro regreso. Así fue como, en 1946, acompañado por la etnólogo Dra. Germaine Dieterlen, los dos entusiastas y prestigiosos investigadores comenzaron un arduo trabajo que completarían luego de cuatro años ininterrumpidos, sacando a la luz un remoto conocimiento celosamente guardado por los sacerdotes de la tribu. El resultado de tal investigación, publicado en 1951 en un artículo titulado “Un Sistema de Sirio Sudanés”, superó las barreras del simple informe etnológico sobre los mitos de una tribu de naturales africanos para derivar en un enigma que desde su punto de partida quebranta nuestra razón: ¡los dogon saben de la existencia de Sirio B, aunque reconocen que ésta es invisible!

Y por cierto, Griaule y Dieterlen, conscientes de lo extraño que esto resultaba, no disimularon su asombro y escribieron al pie del preámbulo del artículo citado: “El problema de saber cómo unos hombres que no disponían de instrumentos podían conocer los movimientos y ciertas características de estrellas virtualmente invisibles no se ha resuelto. Ni siquiera se ha planteado. En estas circunstancias especiales se ha juzgado más pertinente presentar los documentos en estado natural”.

Pues bien, estos “hombres que no disponían de instrumentos”, al decir de los investigadores franceses, dieron notables muestras de un conocimiento depurado y “avanzado” que, según se desprende de los documentos recogidos, puede resumirse como sigue:

1) Conocimiento de la existencia de Sirio B

Para los dogon Sirio B es la rectora de sus fundamentos mitológicos. Como vimos, la Ceremonia Sigui, la máxima festividad de la tribu, es llevada a cabo no sólo partiendo del conocimiento de la existencia de esa estrella, a la que llaman Po-Tolo, sino tomando en cuenta además su periodo orbital. En cada una de tales ceremonias son confeccionadas máscaras rituales y mesillas de fermentación de cerveza ritual que luego son archivadas cuidadosamente, permitiendo así un seguimiento cronológico de las festividades anteriores. De tal estudio surge que estas festividades, y por consiguiente el conocimiento de Sirio B por parte de los dogon, se remonta, por lo menos, a unos ¡1.500 años!

Para la ciencia moderna tal conocimiento data de 1834, es decir hace apenas 160 años, cuando F. Bessel estimó su presencia teóricamente basándose en el movimiento irregular de Sirio. Y recién en 1862 Alvan Clarke confirmó su existencia al verla con su potente telescopio, siendo que hasta esa fecha los anteriores instrumentos ópticos habían sido insuficientes dada la escasa magnitud del astro (magnitud 8,6).

2) Tamaño y densidad de Sirio B

Como se ha dicho, los dogon conocen a Sirio B como Po-Tolo. Mientras la palabra “Tolo” se traduce como “estrella”, “Po” significa en lengua nativa el nombre con el que designan la gramínea más pequeña que ellos conocen. Es decir que, simbólicamente, los dogos acusan el saber que esta estrella “es la cosa más pequeña que existe”, pero seguidamente agregan que la misma está hecha de un metal llamado “sagala”, palabra cuya raíz etimológica es:”fuerte”, “poderoso”, y por tanto aclaran así que aunque sea “la más pequeña” Po-Tolo es a la vez “tan pesada que todos los hombres combinados no pueden levantarla”.

De hecho, una “enana blanca” es ni más ni menos que eso: una estrella de muy pequeño tamaño pero de enorme peso (masa). Según los cálculos de la moderna astronomía, Sirio B tiene una masa equivalente a la de nuestro Sol, pero un diámetro de sólo 4l.000 kilómetros. Esto indica que una mínima porción de materia extraída de su núcleo pesaría toneladas.

3) La órbita de Sirio B

Conforme dejan constancia M. Griaule y G. Dieterlen en su artículo “Un Sistema de Sirio Sudanés”, para los dogon “Sirio, sin embargo, no es la base del sistema: es uno de los focos de la órbita de una estrella diminuta llamada Po-Tolo…”Asimismo, como ya se dijo, la ceremonia “sigui” se calcula en base al periodo orbital de Po-Tolo (Sirio B), el cual los “iniciados” dogon declaran cumplido cada 50 años.

En un todo de acuerdo, la astronomía de nuestros días confirma ambos puntos. Así, el primero de los conceptos expuestos se asimila a la primera ley de Kepler sobre movimiento planetario que reza: “Un planeta se mueve siguiendo una elipse con el Sol en uno de sus focos”. Y es dable aclarar que este principio universal, cuya aplicación es extensiva a todos los cuerpos celestes, dio por tierra con las ideas aceptadas en el medioevo sobre el movimiento circular y uniforme de los planetas que defendieron grandes astrónomos de la talla de Galileo Galilei, Tycho Brahe y Nicolás Copérnico. En cuanto al cálculo de la “sigui”, éste se ajusta sorprendentemente a la realidad del periodo orbital de Sirio B estimado por las modernas mediciones en exactamente 50,04 +/- 0,09 años.

4) Rotación de Sirio B

Entre sus ceremonias sagradas los dogon cuentan con el rito “bado”, que tiene por finalidad rendir honores a Po-Tolo (Sirio B) precisamente cuando ésta ha cumplido el “periodo de rotación sobre su eje”.

Otra sorprendente coincidencia. Como todo cuerpo celeste, Sirio B, en efecto, tiene además de su movimiento de traslación en el Espacio, otro de rotación sobre su eje. Y cabe recordar que ese concepto de rotación fue hasta hace relativamente corto tiempo un descubrimiento revolucionario en astronomía.

¿Brillantes Astrónomos?

¿Cuál es la procedencia de estos desusados conocimientos que el pueblo dogon ya atesoraba siglos antes que la ciencia moderna?

La lógica elemental nos llevaría a considerar en principio la posibilidad de que los remotos antepasados de esta tribu hubiesen sido eximios astrónomos cuyo arte se desvaneció con el correr del tiempo; algo así como lo que sucedió con los mayas, los chinos, y tantas otras culturas que en la antigüedad se destacaron por su acabado saber acerca de “las luminarias celestes”. De hecho, los dogon no sólo están al tanto de los detalles que involucran la total comprensión del sistema de Sirio sino que, además, su información se extiende a nuestro Sistema Solar, sobre el cual entre sus notables descripciones sobresalen las referidas a Júpiter ¡con cuatro de sus lunas! y Saturno ¡con sus anillos! Del mismo modo, sus conceptos sobre la Vía Láctea encierran avanzadas ideas que traducen, en lenguaje simple, la compleja realidad de su forma y conexión cósmica. El ejemplo, en palabras de los sacerdotes dogon es claro: “La Vía Láctea es, en sí misma, la imagen de las estrellas en espiral dentro del mundo de las estrellas en espiral en que se encuentra la Tierra…” Y en cuanto a estrellas se refiere, esta tribu establece cuidadosas diferencias partiendo de la afirmación de que existe “un número infinito de estrellas y mundos en espiral”, de modo que clasifican tales estrellas en tres clases: 1) las estrellas fijas, que corresponden a la “familia de las estrellas que no giran alrededor de otra estrella”; 2) las estrellas que giran (en torno a otra estrella), donde incluyen a los planetas y 3) las “Tolo-Gonoze” o estrellas que describen círculos, categoría ésta que en realidad reciben los satélites (lunas). Tampoco escapa a su saber el hecho de que la Tierra gira sobre su propio eje, al tiempo que denuncian, no exento de cierto tinte religioso, un concepto de evolución cósmica que bien se encuadra en la realidad al sentenciar que “Amma”, su máxima divinidad, “…realizó el Universo progresivamente, (el cual) se compuso de varios mundos estelares girando en espiral

Nuevamente: ¿fueron los primeros dogon brillantes astrónomos?

En rigor no existe el menor indicio de ello ni en la más remota de sus tradiciones. Y siendo que, por otro lado, aun contando con la mayor paciencia y mejor visión para escrutar el cielo, los conocimientos atesorados por esta tribu superan las más entusiastas expectativas cruzando la barrera de lo incomprensible (en tal sentido quizá el ejemplo más rotundo esté dado por su conocimiento de todo lo relacionado con Sirio B), resulta particularmente atractivo entonces que al indagar sobre las fuentes de su milenaria información los científicos encargados de hacer las preguntas hallen como respuesta que todo ese saber se debe a “las enseñanzas de los Nommo”, sus dioses…


¿Fueron los dioses de los dogon antiguos astronautas?

Incontestablemente, la información en poder de los dogon no encuentra una explicación plausible dentro de lo que podríamos llamar “límites normales”.

¿Dónde anida entonces la respuesta?

Años atrás la prestigiosa “Revista de Geografía Universal” (año 5, vol.9, nro. 2) – reconociendo implícitamente el gran aporte al conocimiento científico resultante de la rigurosa investigación llevada a cabo por Robert Temple en El misterio de Sirio – se hizo eco de algunos salientes aspectos de la cultura Dogon en un artículo titulado “Enigmáticos dogon, hombres cósmicos”; y, casi impulsado por la incertidumbre, su autor, Ashraf Daoud, deslizaba allí sus dudas en estos términos: “¿Son vestigios de una civilización desaparecida, mucho más avanzada que la nuestra? ¿Son descendientes de seres espaciales? ¿O han recibido de esos seres una herencia cultural que los coloca por encima del hombre materialista y limitado de nuestros días?” Y concluye:” Todas estas hipótesis, por extravagantes que parezcan, han sido evaluadas cuidadosamente en tiempos recientes, a la luz de una serie de descubrimientos realizados en torno de este curioso pueblo…”

Por nuestra parte, asumimos que nada es definitivo en esta materia, coincidiendo por lo tanto con las palabras de Robert Goddard (padre de la técnica de cohetes norteamericana) cuando sentenció: “Es difícil decir lo que es imposible. El sueño de ayer es la esperanza de hoy y la realidad de mañana”. Con lo cual entendemos que la obligación de una apertura mental que mantenga latente el beneficio de la duda es una actitud positiva antes que censurable. En todo caso, nadie está en posición de afirmar que las hipotéticas civilizaciones extraterrestres, cuyo contacto se espera lograr tarde o temprano, no hayan vestido en tiempos pretéritos los ropajes de los dioses para las mentes primitivas de nuestros antepasados ajenos a la realidad de una tecnología avanzada.

Desde luego, mal podemos generalizar; pero la mitología dogon es de hecho rica en sugestivas descripciones acerca de la llegada de sus dioses a la Tierra. Y por supuesto, tales descripciones no escaparon a la atención de los antropólogos Griaule y Dieterlen, quienes las registraron cuidadosamente en su libro “Le renard pale” (El zorro pálido). Así, hoy sabemos que los “Nommo”, los dioses de los dogon, eran seres “anfibios” – semejantes al dios Oannes venerado por los antiguos babilonios, de cuya obra civilizadora nos informó el antiguo historiador Beroso en su “Historia de Babilonia” – procedentes de Sirio, que arribaron a nuestro mundo a bordo de un “arca”: “El arca se posó en la tierra seca del zorro y desplazó polvo, levantado por el remolino que causó…la violencia del impacto dejó el suelo rugoso…patinó sobre el suelo…como una llama que se apagó al tocar tierra…era rojo como el fuego…cuando aterrizó se volvió blanco…lanzó su palabra en las cuatro direcciones…” (fragmentos del aterrizaje de los Nommo – Le renard pale.)

¿Será ésta acaso la descripción del aterrizaje de una nave espacial?

¿Imposible?

Imposible es una palabra que sólo se encuentra en el vocabulario de los tontos”, decía Napoleón.

EL AUTOR estudió abogacía en la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Es periodista versado en ciencia y fue coordinador documental de la revista Cuarta Dimensión, jefe de redacción de otras publicaciones especializadas y actualmente es el editor de antiguosastronautas.com. Desde 1980 ha publicado gran número de artículos referidos a la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres.

 
© César Reyes 2000 – Derechos reservados.

La reproducción es permitida citando:
© César Reyes 2000 – Derechos reservados – Reproducción autorizada por el autor.

Anuncios

2 Respuestas a “Historias de la Madre Patria

  1. Excelente el artículo. He filmado con los dogon en Malí y luego he leido la obra completa de Marcel Griaule y su equipo. Es un pueblo sorprendente. Saludos y felicitaciones. Cuando quieran la película “Orillas” está a su disposición (film argumental que trata sobre las raíces africanas en Argentina). http://www.orillasfilm.com.ar
    Pablo César

    • Gracias Pablo, nos agrada saber que te ha gustado la información publicada y nos encantaría contar con una copia de tu película.
      Un gran abrazo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s