Las salas de nación

Foto de Sala de Nación argentina, Revista Caras y Caretas 1905

A pesar de todos los trágicos hechos de la esclavitud y acentuando las connotaciones más positivas y aleccionadoras, increíblemente, la historia del africano estuvo constantemente teñida de alegría, toque de tambores y canto. La vida de los
afrodescendientes en el Montevideo colonial y en los primeros tiempos del Uruguay independiente fue más mística, activa y compleja de lo que generalmente se
ha sostenido y aceptado. A través de crónicas y testimonios de época intentamos ir
reconstruyendo cómo se expresaba esa riqueza espiritual.
No menos de veinte pueblos africanos tuvieron en los territorios que conformarían
el Estado Oriental del Uruguay, y sobre todo en Montevideo, una actividad propia y
espiritualmente diferenciada entre ellos, respondiendo a sus creencias y costumbres.
Por diversas vías cada pueblo africano procuró mantener su forma de comunicarse
con sus deidades o con sus espíritus ancestros, preservando los rituales propios.
Las salas de nación fueron una de esas vías, el espacio donde volcaban sus sentimientos y expresaban sus creencias, manifestando el vestigio más i dedigno con que
contaba cada pueblo. En esos momentos tan dramáticos, el alivio y la comprensión
se alcanzaban en las salas, que eran así un vehículo para reponerse de la adversidad.
Fueron los lugares donde volvían a ser ellos mismos, sin restricciones ni cortapisas.
Muy probablemente los «amos» desconocían lo que verdaderamente sucedía
en esas reuniones donde se desarrollaban —o por lo menos se planteaban y organizaban— las actividades relacionadas con lo místico-religioso. Esos espacios
sumamente humildes y aparentemente simples eran los sitios que reconocían sus
componentes como las sedes madres, donde se trataba de resolver los conl ictos
entre componentes de esa nación o de miembros de ella con los de otra.
Allí se alentaba la vida, se encontraba consuelo, comprensión y se rendía culto
a las entidades respectiva.

Organización
Por tratarse de espacios reservados, no es extensa la documentación disponible
acerca del funcionamiento de las salas de nación. Un informe de 1805 solicitado por el entonces gobernador de Montevideo, Pascual Ruiz Huidobro, respecto
al funcionamiento de las «juntas de negros», es, hasta ahora, la primera noticia
que hace referencia al término nación, a las «juntas» como referencia a las salas o sitios cerrados en los cuales se efectuaban las respectivas ceremonias con bailes,toques de tambores y otros instrumentos de origen africano. En todo el siglo xix,las distintas autoridades pusieron énfasis y celo en la vigilancia de las reuniones que acostumbraban hacer los africanos y sus descendientes, agrupados por su lugar de origen sin importar si estaban en la condición de esclavizados o libertos. Algunas crónicas de viajeros y memorialistas constituyen otras fuentes de información que nos permiten aproximarnos a algunas de las características de las salas de nación.En 1805, como se dijo, el gobernador de Montevideo ordenó hacer un seguimiento de las salas por los «peligros» que podían acarrear. Con la intención de seguir de cerca «la naturaleza y el desarrollo formal» de dichas reuniones, Ruiz Huidobro había dispuesto que el sargento mayor interino, Juan Antonio Martínez, se constituyese en la casa que aquellos tenían alquilada al efecto y de sus observaciones le informara «de las malas resultas que puedan tener tales juntas con lo demás que crea condusente sobre el particular». Martínez consignó que, habiendo «tomado algunas noticias del modo como los negros celebran sus juntas, me han informado que entre ellos tienen nombrados todos los empleos hasta el de Rey, y en el caso de mudar algunos de estos por su mal gobierno hacian junta entre ellos y lo despedian de la nacion».Agregaba que en los días en que celebraban las juntas tenían «su guardia á la puerta con el i n de evitar algun desorden que entre ellos pudiera haber y al mismo tiempo hacer los honores a sus jefes […]».Esta indagatoria también permitió conocer los mecanismos para asegurar la permanencia de sus miembros en la ciudad y su pertenencia a la sala, aun ante la amenaza de venta o partida por parte del amo. El referido informe es ilustrativo acerca de cómo se costeaba la sala y de la solidaridad que reinaba entre sus miembros:Cada dia de i esta que se juntan cada negro o negra da dos reales, uno o medio segun los fondos de cada uno, teniendo estos fondos para cuando algun amo se queria ausentar a su Patria, libertar al esclavo siempre que fuese jefe y aunque no lo fuese […] el rey y demas grandes a la carta de libertad hasta que el mismo negro con sus conchabos comprara aquella cantidad; y que la casa en que se juntaban la pagaban los jefes y principales de ellos.

Estas reuniones tenían el objetivo de venerar las deidades, así como reunir fondos para quien más lo necesitase, pero también eran una notable forma de reforzar su identidad, aunque esto no estuviese manifiestamente expresado.Otra información sobre las salas de nación está registrada en los apuntes de Lino Suárez Peña, escritos en 1924. El trono de los reyes se levantaba en el mejor lugar de la sala, poniéndose toda la concentración en el arreglo: «en la parte más elevada lucía un hermoso gallardete construido con su bandera, pues cada agrupación tenía la suya».

En estos arreglos contaban con el aporte de «sus viejos amos, que cooperaban
con esos utensilios como ser, cortinas, alfombras y otros enseres por el estilo».
Tanto en los documentos oficiales como en las crónicas y memorias, el énfasis
se ponía en que se trataba de bailes más bien festivos y de distracción, pero sabido es lo cerradas que eran estas agrupaciones y reuniones, que solo dejaban ver lo que a ellos servía que se supiera o viera. Cada pueblo africano tenía (tiene) su forma de comunicarse con sus deidades o con sus ancestros, mediante rituales característicos. Dentro de las diferentes salas se desarrollaba a puertas cerradas la ceremonia típica, correspondiente a cada nación traída de África, y que en no muchos aspectos se diferenciaría de las celebradas en su tierra madre.

De acuerdo con las anotaciones de Suárez Peña, las colectas realizadas entre los
miembros de las respectivas naciones, con sus «escasos recursos pecuniarios», eran lo que les permitía reunir el capital sui ciente «que demanda la adquisición de los sitios, que así le llamaban a los lugares donde se ubicaban sus salas», las cuales en su mayoría se encontraban hacia el lado sur de la ciudad. Cada nación representaba las distintas regiones de África a que pertenecían sus componentes, conservando costumbres análogas a las de su lugar de origen. «Los unía estrechos lazos de fraternal mutualismo», seguía acotando Suárez Peña; «cuando un hijo de la sala tal, o cual, caía en estado de enfermedad, eran todos a reparar la situación económica del paciente, durante el tiempo que permanecía privado de su acción».
En síntesis, estas reuniones tenían el objetivo de venerar las deidades y reunir
fondos para quien más lo necesitase, pero también era una notable forma de reforzar su identidad.

(Extraído de Población Afrodescendiente y Desigualdades Étnico-Sociales en Uruguay ,2008)

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