Boletín Bicentenario “Generando un nuevo pensamiento, temáticas históricas desde la perspectiva Afrodescendiente”

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Rubén Rada

Es muy difícil que el Negro Rada no contagie su buen humor, su alegría y sus ganas de vivir. Cuando relata sus experiencias de vida, sus historias y su amor por la música, canta, hace ruidos con la boca, simula ser un instrumento y te invita a que lo acompañes. Parece un niño de 68 años que jamás quiere perder la inocencia y las ganas de hacer reír; de volcar, sin esperar nada a cambio, una comicidad natural que lo hace único. Es difícil mirarlo a los ojos y no sentir orgullo, gratitud.

Nació en el barrio de Palermo, Montevideo, en 1943. Es compositor, percusionista, cantante y un gran desarrollador del candombe moderno. En sus canciones mezcló diferentes estilos musicales e instrumentos poco tradicionales. Su plan A siempre fue el fútbol, pero no funcionó porque le pronosticaron tuberculosis. Cuando era un niño, robaba ciruelas y manzanas porque quería copiarse de los ladrones, y cantaba y contaba chistes en fiestas, bares, cumpleaños, comparsas. Le gustaban la calle, los amigos y la pelota. Durante muchos años, sintió la discriminación de los otros por su color de piel; también creía que los «blancos» eran superiores, hasta que un día dejó atrás sus complejos para empezar a valorarse y a quererse.

Su carrera profesional empezó a partir del ’65 con El Kinto Conjunto, Tótem, La Banda. Más adelante se convirtió en el primer uruguayo en ganar un Grammy, gracias a la repercusión internacional que tenía su trayectoria y su trabajo en Internet. Es fan de Gardel y de los Beatles, por solo nombrar algunos. Su nuevo trabajo se titula El álbum negro, un CD con 50 temas que recorren el historial musical Rada. En la actualidad sus canciones se reproducen en todo el mundo. Paul Mccartney conoce su voz y lo admira, y Elton John quiso que tocara en su coro. Desde 2009 se comunica con sus fans vía «faisbuk» (así lo llama), y promete estar fanatizado con el «guaifa» (wi fi). El Negro transitó por muchos caminos, por triunfos, éxitos y fracasos, pero siempre va para adelante: esa es su filosofía.

 

¿Qué significa la música en tu vida?

Tendrías que preguntar qué significo yo para la música. La verdad es que mi vida es solamente música. Yo pensé en música desde chiquito, cuando ya tenía unos diez o doce años y tocaba en murgas, comparsas y en carnavales de Uruguay. Recuerdo que de niño ya hacia imitaciones de Gardel y de otros cantantes, me llamaban para que cantara y contara cuentos arriba de las mesas, en todos los cumpleaños de mi barrio.

 

¿Qué estilo musical te define?

Mi estilo tiene dos títulos. Por un lado, creo que soy un músico de fusión, world music, porque toco la música del mundo, puedo tocarte una samba, un cha-cha-cha, un merengue, una balada, un rock, un tango y mucho más. El otro de mis títulos es el hambre, porque había que tocar lo que venía. Si iba a un bar o a un hotel para cantar, me aprendía las letras y el estilo de Tom Jobim y de muchos otros. Siempre que tuve hambre, recurrí a la música. Cuando era muy niño, iba a la parrillada de un amigo que se llamaba Morrongo, y ahí cantaba para comer.

 

¿Tus padres tenían algo que ver con la música?

Mi vieja tocaba en una escuela de samba para divertirse. Mi papá tocaba un tambor de candombe: el repique. Él era muy conocido y respetado en el barrio de Palermo (Uruguay). Pero ninguno de los dos estudió música. Tampoco yo.

 

¿Es verdad que Rada se apellidaba el mecánico de Franco, el que cruzó el Atlántico?

Sí. También creo que Rada viene de los patrones que compraron a mis abuelos. La mayoría de los negros llevaban el apellido de los patrones que los compraban. Por ejemplo, si la familia Suárez compra diez negros, estos se iban a apellidar Suárez.

 

¿Cómo se traduce el candombe?

Dicen que es un ritmo que trajeron lo negros africanos al Uruguay. Para mí es algo bien fácil, algo que se mezcló con la milonga (hija del candombe). Yo lo que hice con este género fue fusionarlo con el jazz, el rock, la música tropical y muchos otros estilos. Este cambio o fusión me hizo diferente, me hizo encontrar un lugar en el medio, separarme del montón, ser un tipo distinto. Soy un tipo que cambia de ideas todo el tiempo, buscando nuevas opciones para mostrar.

 

Tu verdadera vocación era el futbol, pero no funcionó…

Yo siempre amé el fútbol. Vivía a unas cuatro o cinco cuadras del estadio, y siempre iba allí a jugar y a divertirme con amigos. Un día me enfermé y un médico me diagnosticó tuberculosis. Estuve desde el año 1945 hasta el 1947 internado en un hospital, en un barrio chiquito a las afueras de Montevideo, donde estaban recluidos los enfermos basilares y yo, alejados de la gente por miedo a contagiarlos. En ese momento la tuberculosis era como el sida ahora. Durante esos dos años, me iban curando con inyecciones de calcio, con aceite de bacalao y con oxígeno natural, ya que la penicilina apareció recién en el ’49 en Uruguay. Vi morir a muchos veteranos que eran mis compañeros en el hospital. Creo que fui muy grande de chico. Más tarde, cuando salí de la clínica, me presenté en varios clubes de fútbol como aspirante para hacer carrera profesional, pero cuando me aceptaban me tenían que hacer los análisis para la ficha médica y ahí saltaba mi problema. Intenté hasta los 17 años, después desistí. Mi plan A siempre fue el fútbol, pero no funcionó.

 

Cuando te enfermaste, tu mamá siempre estuvo a tu lado…

Mi mamá (Carmen Rada) siempre estuvo al lado mío. Recuerdo que ella podía ir solo los fines de semana. Uno de mis hermanos, que en ese momento era muy chiquito, no iba porque era muy peligroso por los contagios. La vieja me ayudó en todo, es grandiosa. Se podría haber contagiado, pero las madres son únicas, y a ella no le pasó nada, además por los hijos siempre daba todo. Cuando me visitaba, me traía figuritas para llenar mi álbum de Peñarol, revistas y hasta una pelota que nunca pude usar porque no podía correr, pero ahí estaba y la miraba. En esos tiempos no había Internet, me divertía con un trompo, con bolitas.

 

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Las llamadas de San Baltasar- Oscar Montaño

El Candombe ha sido la síntesis, suma o amalgama de la contribución de más de 20 pueblos africanos, cuyos integrantes fueron traídos por la fuerza de su tierra natal.
Desde antes del año 1800 los africanos de estos diferentes pueblos se reunían todos los 6 de enero a invocar por intermedio de la figura católica de Baltasar, rey mago afro, a sus entidades espirituales sin despertar sospechas en las autoridades y en los “amos”.
A comienzos del siglo XIX los cantos y bailes se efectuaban en la Plaza del mercado y en el Cubo del sur, que daba frente al mar en la costa sur. Tenían lugar especialmente entre el 25 de diciembre y el 6 de enero, fechas en que las autoridades los permitían por cuanto iban precedidos de visitas de cortesía y de pleitesía a las casas de los principales dignatarios. Además se repetían, esporádicamente, en cuanta oportunidad viniera bien, aunque esto fue lo que dio origen a las reiteradas protestas de los vecinos y, consecuentemente, la prohibición del Cabildo en los primeros tiempos y de la Policía posteriormente.
Candombe es el nombre genérico que se le dio a las diferentes danzas, de origen africano, en estas tierras. Cada uno de estos más de 20 pueblos tenía su idioma, su forma de ser ver y sentir, su cultura, sus danzas y cantos (dependiendo la situación si era de celebración o funeral). El Candombe es el “producto”de la unificación en un único concepto.
CANDOMBE. Palabra derivada del prefijo Ka y de Ndombe (pueblo angoleño), del idioma Kimbundu, rama de las lenguas bantúes que se hablan en el Congo, en Angola y en distintas zonas de Africa del Sur. Puede decirse que etimológicamente, el vocablo sería un aporte Banguela, por haber sido éste el pueblo Ndombe más numeroso y que más notoriedad tuvo en Montevideo.
Pero si hablamos de la conformación, del concepto musical, la danza, la simbología que va conformando el Candombe a lo largo de todo el siglo XIX, allí sí no hay dudas acerca de aportes de los diferentes pueblos africanos que mantuvieron sus Salas de Nación.
El papel que cumplió el Candombe fue fundamental, resistiendo a todos los embates de la esclavitud, a toda la represión constante y diaria que sufrían. Era una forma de reacción y rebeldía a las imposiciones y al avasallamiento de que eran objeto. Era mantener sus costumbres y mediante ellas sentirse vivos.
No olvidemos que en tiempos de la República continuó existiendo la esclavitud.
El Candombe tenía una riqueza instrumental impresionante, siendo la expresión cultural mayor de los afrouruguayos. Su raíz es inequívocamente africana.
Existían varias formas de ejecutarlo, dependiendo de la nación y también de si se estaba en una ceremonia dentro de la Sala de Nación o en la calle. No se puede establecer con precisión cuándo se comenzó a tocar caminando.
Lo que sí es seguro es que aquel Candombe era diferente al de hoy en día.
La riqueza instrumental del Candombe dentro de la sala era inigualable. Porque en la calle, cuando se iba en procesión o a saludar a las autoridades quienes daban la nota eran los tamborileros además de los personajes típicos, sobretodo del bastonero o escobero que dentro o fuera de Sala era un verdadero director de la “orquesta” del Candombe, aún no comparsa. Pero dentro de la Sala la riqueza instrumental aumentaba, al igual que los candombes que se realizaban en las “canchas” del Cubo del Sur o en otro lugar prefijado, en el que realizaran una participación fija, sin caminar.
Ahí, en esos casos, a los tambores que se colgaban con una correa, llamada talín, que se cruzaba en el hombro derecho, se sumaban la tacuara, la huesera, el mate o porongo, la marimba, los palillos, trozos de hierro, el Macú (tambor ceremonial), a los que se agregaba la denominada Bambora. Este instrumento no ha aparecido mencionado en otros documentos, así como tampoco existe una descripción sobre la forma y función del mismo.
SAN BALTASAR.
Durante la época colonial, cuando el candombe estaba en su cenit, en su época cumbre, los africanos los organizaban todos los domingos, considerándose grandes fiestas Año Nuevo, Navidad, Resurrección, San Benito, Virgen de Rosario y San Baltasar.
Las conmemoraciones de San Baltasar, los 6 de enero, eran lo excepcional, cuando se lucía toda la pompa que era posible, lo que nos ha llevado a pensar que pudo tratarse de la evocación de una deidad de las de más alta significación dentro del santuario africano.
En cada Sala de Nación en que se dividía la población afro se reunían a realizar sus rituales. Las salas estaban bien organizadas, regidas por normativas. Contaban con rey, reina, príncipe y otras autoridades. Estas reuniones se celebraban periódicamente y también tenían lugar fuera de la ciudad, en “extramuros”. Todos acompañaban a los tambores y demás instrumentos con palmas y cantos.
“Se bailaban tangos, chinchiría, chindá, tam tam, hasta la puesta del sol, en medio de las libaciones que acentuaban aún más, el bullicio propio de la fiesta. Los “tíos” lucían casacas, levitas, corbatines, bicornios o galeras altas y las negras sus vestidos, blondas, cinturones, collares, sombrillas, etcétera, de un abigarrado colorido. Cada sala tenía su trono con dosel y cortinajes, y el altar de San Antonio o San Baltasar, y a la puerta el platillo que recibía las ofrendas de los asistentes, bajo la custodia del “capitán, guardián de la puerta y de la colecta”. En los tronos aparecían sentados con grave actitud los Reyes, con sus charreteras en los hombros, las casacas galoneadas, pantalón blanco y faja negra y a su lado las Reinas, que unía a su rango, el prestigio de ser la mejor pastelera de Montevideo, rodeados todos por las princesas y camareras que atendían el ceremonial.
Terminada la ceremonia, se dirigían en corporación y por naciones, a la residencia de las autoridades. Luego de 1830, a la del Presidente de la República, quien los recibía rodeado de sus Edecanes. También visitaban a los Ministros, al Vicario y Jefes Militares. Ratificaban ante las autoridades su fidelidad y respeto y recibían, a cambio, las donaciones de dinero tradicionales, que solventarían los gastos de los clásicos banquetes, que tenían lugar en cada sede, donde lucían su habilidad las “tías” y morenas y donde corría la chicha, la caña de La Habana y el famoso guindado oriental, preparando los ánimos para el gran candombe que seguía a continuación. Estas danzas han sido descritas repetidamente.” (1)
Hacia 1880 aún había varias danzas y toques heredados de determinadas naciones africanas. Pero africanos, africanos, no quedaban muchos.
Varias Salas de Nación, integradas por los descendientes de aquellos africanos, lograron sobrevivir hasta entrado el siglo XX con prácticas rituales tradicionales.
En cada Sala se cultuaba las entidades religiosas que habían logrado mantener vivas a pesar de tanta represión; en algunos casos reprodujeron imágenes, realizadas por “crudos” artistas como apunta Marcelino Bottaro, y en otras teniendo a San Benito o a San Baltasar como patronos.
LAS LLAMADAS. Leer el resto de esta entrada »

La negritud uruguaya: entre la comparsa y la discriminación- Daniel Vidart

Una y otra vez quien esto escribe ha insistido en que tomemos en serio el África, dada la trascendencia mundial de su rica plétora humana. Y, paralelamente, a la memoria rogando y con el mazo dando, pide y repite que estudiemos con seriedad el ser y el quehacer de las múltiples etnias del mal llamado “Continente Negro”; que sepamos estimar las riquezas de toda índole que esa gran artesa geográfica atesora en sus tierras, en sus aguas y en sus gentes; que procuremos interrogar la peripecia existencial de los camelleros que nomadizan por deslumbrantes desiertos, de los cazadores y plantadores de las sabanas y de las tribus escultoras de la madera que se esconden en “el corazón de las tinieblas”, como dijera Conrad al referirse a las selvas húmedas y tórridas ; que equilibremos nuestro interés por los hoy llamados pueblos originarios con la importancia que ha tenido el legado de los esclavos africanos y sus descendientes criollos en la formación de nuestra idiosincrasia y la construcción del espíritu nacional uruguayo; que mas allá de lo pintoresco y folklórico de la comparsa y sus tamboriles, merecedores de nuestros aplausos en el carnaval, se inaugure una cátedra de estudios africanistas en la Universidad de la República para indagar, con rigor científico, la misión y el destino de los descendientes de los esclavos a lo largo del tiempo y a lo ancho del espacio uruguayos.. Y finalmente, que sin dejar de lado el microscopio etnográfico recurramos, como dijera Levy-Strauss, al telescopio etnológico que compara e interpreta, procurando descubrir, tras el “color local” de las etnias melanoafricanas y las cuerdas de tambores que atruenan las calles del Barrio Sur, aquellos universales de la cultura que ilustran y confirman una tenaz continuidad histórica. Si no acuñamos claros conceptos y sistematizamos veraces conocimientos acerca de los pueblos africanos de los que la mano larga del negrero extrajo sus “piezas” – nombre cosificador y denigrante si los hay- es imposible tener una visión plenaria del rico patrimonio por ellos acarreado y que, sistemáticamente, se olvida, ignora o desdeña por un cuantioso sector del pueblo uruguayo. Por otra parte, al margen de toda reivindicación personal, quiero señalar que, si no me equivoco, el primer intento para remontarse a los hogares originarios y a la etnografía del continente africano como paso previo al estudio de las humanidades y culturas traídas al Uruguay en las épocas de la esclavitud, fue el prólogo de mi autoría que figura como capítulo inicial en una obra escrita por dos conocidos autores nacionales. (1) Allí también me atreví a pedir con fuerza, exigencia que reitero, la incorporación al pensum universitario nacional de disciplinas científicas centradas en el estudio de las culturas afroamericanas. El indio, inexistente hoy en nuestro suelo -si bien sus genes, preponderantemente guaraníticos, navegan cuerpo adentro en miles de uruguayos, entre los que yo me incluyo- ha sido indagado con interés y a veces exaltado con etnocéntrica exageración terruñera. La prehistoria y la etnohistoria de la población indígena fueron tratadas, felizmente, con la necesaria seriedad científica en la mayoría de los casos. No obstante algunos espíritus románticos – llamémoslos, sin desden, de tal modo-, han inventado, en procura de arcaicas identidades y prestigiosos arraigos, una mítica Charrulandia. Y muchos de esos “indios redivivos” – no importan sus ojos azules y sus celulares de última generación- se dicen charrúas sin más, obedientes a subjetividades y etnicidades fantásticas, que la farándula del New Age certifica y celebra. Lo malo y pernicioso es que este neo-racismo se ha empezado a colar en los textos escolares mientras que, al compás de la ofensiva de la sinrazón, encendidos misioneros recorren el país “rescatando” las presencias y preeminencias de la “raza” charrúa que, según ellos, ocupaba todo el territorio en tiempos de la conquista. Sin duda no han leído los libros donde el documentado antropólogo Diego Bracco demuestra que, cuando llegaron los españoles, la mayor parte del territorio estaba ocupada por minuanes, indígenas de origen patagónico de los cuales ninguno de estos biznietos de caciques charrúas – no van por menos- se proclama descendiente. Miremos ahora en nuestro derredor. Los indigenas terruñeros han desaparecido; los negros viven y luchan, están entre nosotros, han conservado la presencia demótica y cultural que siempre tuvieron en la formación de nuestra nacionalidad. Pero lo cierto y lamentable es que el mundo del negro uruguayo ha sido relegado por el imaginario colectivo al tratamiento sesgado y lateral del periodismo, al devaneo folklórico, al culto carnavalesco del tamboril y al desfile de los desvaídos relictos de un drama sagrado, subsistente, pero ya profanizados, si así se puede decir, en el despliegue cautivante del candombe. Pasado el carnaval a los negros se les baja de la azotea al sótano. El negrito lindo pasa a ser el negro sucio. “Negro que corre: ladrón,” se dice en Caracas. En estos pagos cambia la terminología socarrona pero no la actitud despectiva de los que van por el mundo con la nariz levantada. Tales actitudes, por demás frecuentes, confirman en el terreno del trato diario, que nuestra mentalidad novelera ha preferido la cáscara pintoresca al grano de un gran legado ancestral. Dicho “rico patrimonio” , y empleo las palabras de Artigas, mas amigo de los negros – ellos jamás lo abandonaron- que de los indios, yace escondido en la caja de resonancia de culturas sumergidas de las que, con el correr de los decenios, se hace cada vez mas problemático su reflotamiento. Lo anteriormente dicho se limita al campo de experiencia del nivel popular, pues en los dos últimos decenios se ha acentuado el tratamiento, en la mayoría de los casos bien documentado, de lo que equivocadamente se llama el mundo afro. Ya no hay africanos entre nosotros. Son criollos – esto es, criados aquí – con ascendencia africana. Y aún con decir uruguayos, basta. Partamos de este simple y parejo tratamiento para evitar la invención de identidades fantasmagóricas. Bueno sería que los descendientes de vascos, como yo, que conozco el euskera, mientras mis compatriotas negros no hablan ninguna de las lenguas de sus antepasados, nos proclamáramos exclusivos hijos de Iparralde. Somos todos hijos del país, y punto. Dejando de lado este detalle , no tan banal por cierto , lo positivo es que la presencia y valencia de los negros uruguayos ha sido abordada en este último tiempo por parte de universitarios y estudiosos solventes que refrendan la evocación afectiva con la autorizada asistencia de las ciencias sociales y humanas. Las vidrieras de las librerías han sido invadidas por una sorprendente profusión de publicaciones acerca de nuestras negritudes. Son el producto de una bienvenida tarea intelectual – y yo me animaría a decir que también moral- emprendida por investigadores nacionales, entre lo cuales se ha entreverado algún bienvenido extranjero. (2) De tal modo se ha puesto en marcha un positivo movimiento que, mano a mano con el espíritu científico, apunta a la reivindicación ética y cultural de compatriotas todavía discriminados y excluidos. Hay que terminar con eso del “negro de mierda”. Quien así destrate a su semejante y hermano de especie se está insultando a sí mismo como individuo y como persona.

La línea de color

El rescate de los usos, costumbres y dispositivos materiales de los pueblos africanos, cuyos integrantes mas fuertes y jóvenes fueron esclavizados e introducidos en nuestro país durante el período colonial y republicano, permitirá situar en el mapa de la cultura las visiones del mundo, las ceremonias sagradas y profanas, las prácticas sociales y los modos, géneros y niveles de vida de aquellos desdichados prisioneros. El menosprecio vertido sobre los pueblos considerados sin historia, fruto de la ignorancia y la soberbia de las antiguas clases dominantes de la colonia y los negreros criollos reverenciados como próceres -Maciel, Magariños, García de Zúñiga, Salvañach y Berro, entre otros- impidió el conocimiento de las culturas trasterradas, deformó nombres tribales y, sobre todo, desestimó los valores humanos existentes pero no advertidos en el ser y el hacer de aquellos infelices. Esta distraída, y por ende ideologizada actitud, cobró alas porque solo se tenía en cuenta lo meramente utilitario y no la noble sustancia escondida en el oscuro revoltijo de unas pobres gentes vencidas y humilladas. Actualmente, y de la misma manera, la utilería de las comparsas es objeto de menciones y consideraciones emanadas de nuestro occidentalismo umbilicalista, sin reparar que en la retaguardia espiritual de esa parafernalia no solo sufrían los hombres sino que también dormían los dioses y se reencarnaban los mitos.(3) Leer el resto de esta entrada »

Desagravio- Federación Afroumbandista IFA del Uruguay/ Grupo Atabaque

Ante versiones de carácter público emitidas por algunos medios de comunicación relacionadas a los enfermeros procesados por asesinatos cometidos contra pacientes en centros hospitalarios uruguayos, en las que se menciona el carácter de“homosexual” y “umbandista” de uno de ellos, comunicamos:

1-La condena a todo tipo de violación a los derechos humanos y conductas delictivas actuales, pasadas y futuras.

2-El estupor e indignación que nos causa como colectivo espiritual afroamerindio respetuoso de la vida y el bienestar de las personas, que se resalte la posible filiación religiosa umbandista de un sospechoso de homicidio. Nada se diría si fuera católico y heterosexual. Como no es un dato relevante si era de tal o cual sector político o cuadro de fútbol. No agrega nada a la noticia sino al morbo de un periodista tendencioso o de un eventual lector desprevenido o intolerante. De esta situación resultarán inevitablemente vinculados y por lo tanto perjudicados en su derecho de culto -VÍCTIMAS DE UN ACTO DE DISCRIMINACIÓN- los fieles de la religión Umbanda y Cultos Afro y los integrantes de la colectividad homosexual como es el caso, sectores vulnerables de la población.

3-Existen leyes que penalizan los delitos de odio y exhortamos a tenerlas presentes, recordando la responsabilidad resultante de la libre expresión: ARTÍCULO 149 bis. CP: (Incitación al odio, desprecio o violencia hacia determinadas personas).- El que públicamente o mediante cualquier medio apto para su difusión pública incitare al odio, al desprecio, o a cualquier forma de violencia moral o física contra una o más personas en razón del color de su piel, su raza, religión, origen nacional o étnico, orientación sexual o identidad sexual, será castigado con tres a dieciocho meses de prisión”. Ley 17817 Art. 2 “…se entenderá por discriminación toda distinción, exclusión, restricción, preferencia o ejercicio de violencia física y moral, basada en motivos de raza, color de piel, religión, origen nacional o étnico, discapacidad, aspecto estético, género, orientación e identidad sexual, que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en lasesferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública.”

4-Aclarando que no conocemos al aludido, expresamos nuestro enfático repudio ante los hechos de mundial notoriedad, objeto de investigación judicial y policial, y nos solidarizamos con el dolor de las familias de las víctimas. Rogamos por la paz, la verdad, la equidad social y cultural, el entendimiento, la justicia y el respeto por la vida humana y la naturaleza, objeto de culto dentro de la religiosidad afroumbandista.

Vía: Procuradora Susana Andrade- http://www.atabaque.com.uy/

Convocatoria a mujeres afrodescendientes

Acaso no soy una mujer?

Nacida esclava pero vivía como abolicionista y luchadora contra la desigualidad entre hombres y mujeres, Sojourner Truth es parte de un legado de mujeres afrodescendientes que se negaban quedarse en silencio y formaron el base fundamental del discurso feminista de las mujeres afrodescendientes.

En diciembre de 1851, asistió a una conferencia de mujeres en Akron, Ohio, donde pronunció el famoso discurso titulado: “¿Acaso no soy una mujer?”, en el que defendía el movimiento a favor de los derechos de las mujeres.

Su discurso lleva un cuestionamiento a la homogeneidad de la identidad de género y es fundamental a la formación de un discurso sobre los elementos inseparables de género-etnia en el caso de mujeres afrodescendientes y el reconocimiento de la heterogeneidad de las experiencias de mujeres.
Feliz mes de la mujer!
¿Acaso no soy una mujer?
 Sojourner Truth
Diciembre de 1851
Convención de mujeres, Akron, Ohio, EEUU
Bueno hijos, cuando hay mucho alboroto es porque algo está pasando.
Creo que tanto los negros del Sur como las mujeres del Norte están todos hablando de derechos y a los hombres blancos no les queda más que ceder muy pronto.
Pero, ¿De qué se trata de lo estamos hablando aquí?
Los caballeros dicen que las mujeres necesitan ayuda para subir a las carretas y para pasar sobre los huecos en la calle y que deben tener el mejor puesto en todas partes.
Pero a mi nadie nunca me ha ayudado a subir a las carretas o a saltar charcos de lodo o me ha dado el mejor puesto! y ¿Acaso no soy una mujer? ¡Mírenme! ¡Miren mis brazos! ¡He arado y sembrado, y trabajado en los establos y ningún hombre lo hizo nunca mejor que yo! Y ¿Acaso no soy una mujer? Puedo trabajar y comer tanto como un hombre si es que consigo alimento-y puedo aguantar el latigazo también! Y ¿Acaso no soy una mujer? Parí trece hijos y vi como todos fueron vendidos como esclavos, cuando lloré junto a las penas de mi madre nadie, excepto Jesús Cristo, me escuchó y ¿Acaso no soy una mujer?
Entonces se preguntan ¿Qué es lo que tiene en la cabeza? ¿Qué significa esto? (Un miembro de la audiencia sugiere “Intelecto”) -¡Exacto! ¿Qué tiene a que ver todo esto con los derechos de las mujeres y de los negros?
Si mi cántaro solamente puede contener una pinta y el de ustedes un cuarto, no sería muy egoísta de parte de ustedes no dejarme tener mi pequeña mitad llena? Entonces el pequeño hombre vestido de negro dice que las mujeres no pueden tener tantos derechos comos los hombres, porque Cristo no era una mujer. ¿De dónde vino Cristo? ¿De dónde vino Cristo? ¡De Dios y de una mujer! ¡El hombre no tuvo nada que ver con El!
Gracias por haberme escuchado, ahora la vieja Sojourner no tiene más nada que añadir.
AIN’T I A WOMAN?

Delivered 1851 at the Women’s Convention in Akron, Ohio

Well, children, where there is so much racket there must be something out of kilter. I think that ‘twixt the negroes of the South and the women at the North, all talking about rights, the white men will be in a fix pretty soon. But what’s all this here talking about?

That man over there says that women need to be helped into carriages, and lifted over ditches, and to have the best place everywhere. Nobody ever helps me into carriages, or over mud-puddles, or gives me any best place! And ain’t I a woman? Look at me! Look at my arm! I have ploughed and planted, and gathered into barns, and no man could head me! And ain’t I a woman? I could work as much and eat as much as a man – when I could get it – and bear the lash as well! And ain’t I a woman? I have borne thirteen children, and seen most all sold off to slavery, and when I cried out with my mother’s grief, none but Jesus heard me! And ain’t I a woman? Then they talk about this thing in the head; what’s this they call it? [member of audience whispers, "intellect"] That’s it, honey. What’s that got to do with women’s rights or negroes’ rights? If my cup won’t hold but a pint, and yours holds a quart, wouldn’t you be mean not to let me have my little half measure full?

Then that little man in black there, he says women can’t have as much rights as men, ’cause Christ wasn’t a woman! Where did your Christ come from? Where did your Christ come from? From God and a woman! Man had nothing to do with Him.

If the first woman God ever made was strong enough to turn the world upside down all alone, these women together ought to be able to turn it back , and get it right side up again! And now they is asking to do it, the men better let them.

Obliged to you for hearing me, and now old Sojourner ain’t got nothing more to say.

 Fuente:http://saludosdesdeuruguay.com/2012/03/06/acaso-no-soy-una-mujer/ (Danielle Brown)

El empoderamiento de la mujer afrodescendiente a través de la palabra

Fuente: http://saludosdesdeuruguay.com/ (Danielle Brown)

Aportes de la mujer afrouruguaya a la cultura

Hacia la construcción de nuestra identidad como mujeres afrodescendientes-

21 de Marzo – Dia Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial

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